Gabriel Balan: “Abrirse a lo emocional y a lo humano dentro del ámbito laboral y profesional, es entender que hay otra forma de escuchar, de comprender”

Emprendedor, soñador y visionario, Gabriel Balan creó Camping hace ya cuatro años, un espacio que rompe con todos los estereotipos del clásico “restaurant”. En las Terrazas del Buenos Aires Design, surgió este nuevo lugar inspirado en el campo, la desconexión, los scouts, la rocola y los fogones.

Gabriel es de Buenos Aires, tiene 30 años y viene de una familia de gastronómicos. Desde chico, experimentó los campamentos como un tipo de viaje especial. Participaba de ellos junto a su comunidad (Bet El) y cuenta que se desconectaban por tres semanas, se iban al campo, sin tecnología ni televisión; lo vivía de una manera muy profunda. El camino espiritual ligado a los campamentos formó una base sólida en él.

Siempre tuvo inclinación por el cine y el entretenimiento. También fue emprendedor desde chico. Y a pesar de que su profesión no fue por el lado del cine, la idea de Camping surgió de imaginar algo que tenía que ver con la dirección de una película pero en otro formato; es, más bien, la dirección de una experiencia, donde el concepto de la misma se pone en todas las betas, desde lo que comés hasta lo que escuchás y cómo hablás.

Gabriel hace un flashback a su niñez y cuenta: “Mi vieja me jodía porque cuando era chico, nos habíamos mudado a una casa de dos pisos y mis hermanos se juntaban en el piso de arriba; yo les llevaba una carta de lo que había en la heladera, les hacía sandwichs y les cobraba por llevarlos”.

Cuando terminó el colegio, le llamó la atención el mundo de la publicidad, el marketing y la comunicación. Estudió en la UCES y en la Escuela Superior de Creativos Publicitarios pero, luego de tres años de experiencias laborales en agencias, se dio cuenta que no lo llenaba. El fin le parecía vacío. Sin embargo, a raíz del trabajo que estaba ejerciendo en ese momento, se le presentó una gran oportunidad: viajar a Nueva York, un sueño pendiente para él.
Estuvo un mes allá y tuvo una crisis personal, sentimental y laboral que le hizo replantearse su vida por completo.

“¿Por qué las cosas no salen como las tengo planificadas?”, pensó Gabriel en ese momento.

 

Ph: Cuika Foto

Decidió embarcarse en un viaje propio y tomarse tiempo para frenar y pensar. El objetivo era llegar nuevamente a Nueva York para año nuevo, pero con una consigna específica: debía ir por tierra. Tardaría nueve meses en llegar, caminando, en tren, en colectivo, bicicleta, barco o a dedo. Dejó el celular, su computadora y su vida en Buenos Aires para reencontrarse consigo mismo.
Una regla que lo guió en este camino fue nunca volver atrás. A través de mapas, veía como avanzaba hasta su destino y observaba como las rutas parecían estar atadas. Si pasaba por un lugar que no le gustaba, no podía dar marcha atrás, solo seguir para delante.

“Tuvo un resultado 100% positivo, pero difícil también; hay que dedicarse, hacerse un impasse en la vida, detenerse, pensar, no trabajar, no hacer nada. Creo que fue súper nutritivo pero difícil”, reflexiona Gabriel al contar su experiencia.

Cumplió su objetivo y, luego de pasar año nuevo en su lugar soñado, regresó a Buenos Aires. Finalmente, decidió adentrarse en el mundo gastronómico adquiriendo experiencia en Primafila. Allí observó mucha desconexión en el equipo y pudo ver la importancia de las necesidades humanas. Luego de tres años trabajando en Primafila, se liberó un espacio en la terraza del Buenos Aires Design y fue en ese momento cuando decidió apostar al proyecto que venía visualizando.

‘Para la generación que nos antecede, el éxito no era “hacé lo que te gusta”, sino “hacé plata y después hacé lo que te gusta” y para mí era mucho más integral’

Todo desembocó naturalmente en la creación de Camping a finales de 2013, la cual tuvo que ver con mucha gente. Su proyecto terminó reflejando un poco esa mezcla que transitó en sus años de formación: publicidad, gastronomía, entretenimiento y películas. Camping es un trampolín para que a la gente le puedan pasar cosas nuevas.

“Abrirse a lo emocional, a lo humano dentro del ámbito laboral y profesional, es entender que hay otra forma de escuchar, de comprender; y que ante discrepancias hay que seguir ahondando, buscar cómo logramos construir, entendernos y hacer una misma cosa”, explica.

Desde que surgió Camping, uno de sus objetivos era lograr que fuera certificada como una Empresa B, es decir, una compañía que busca generar un triple impacto: no es solo busca fines económicos sino también tener un efecto social y medioambiental. Tenía que tener un propósito que ayude al mundo de alguna manera.
Pensó su proyecto como un campamento, con un equipo como staff. “El primer momento fue duro, pero estuvo bueno para poder conceptualizar y darle sentido a todo”, dice Gabriel. Lo diseñó como un lugar súper desestructurado, honesto; desde todos los lugares pensaron estrategias para que no se genere ninguna pose, sino un ambiente en el que cualquiera se pudiese sentir cómodo y bienvenido.

En estos cuatro años, Gabriel se dedicó especialmente a dirigir su emprendimiento; encontró lo que le gustaba y apasionaba, que era dirigir un proyecto que tuviera una pata social-humana y promoviera los valores.
Cuando cerró Primafila el año pasado, a este emprendedor de ideas inagotables se le ocurrió crear otro espacio gastronómico particular: Florentin, ubicado muy cerca de Camping, e inspirado en un barrio de Tel Aviv, Israel; con el concepto de “Hole in the wall”, donde se penetra tanto en la cultura árabe como judía. Se unen dos religiones enemistadas y se logra un vínculo inmenso en su comida. “Al menos en esta categoría, estos dos pueblos pueden estar juntos. Estamos explorando esa gastronomía con sabores propios de los dos y levantar esa bandera”, relata Gabriel.

Ph: Cuika Foto

¿Cómo te definís? Soy muy para adelante, muy resolutivo, paso a la acción.

¿Qué es el éxito para vos? Es poder, de manera sustentable, hacer lo que te gusta; ganar plata para poder seguir haciéndolo y crecer. Encontrar a la mayor cantidad de personas que puedan colaborar y vibrar en esa. Hay mucha gente que no sabe lo que quiere y de repente, se cruza con un proyecto con ideas y valores claros que le puede llenar mucho y puede guiarlo.

¿Cuál es tu sello o marca? Lo holístico. Algo que está pensado a 360º. Todo tiene sentido enmarcado en un concepto. Hay que cuidarlo y pensarlo integralmente.

¿Tuviste que atravesar prejuicios al encarar algún proyecto? Para la generación que nos antecede, el éxito no era “hacé lo que te gusta”, sino “hacé plata y después hacé lo que te gusta” y para mí era mucho más integral.

¿Un defecto y una virtud? Un defecto: la obsesión con el lenguaje, soy demasiado meticuloso; y también la exigencia. Y una virtud: la buena intención.

¿Proyectos actuales? Camping y Florentin.

¿Qué haces en tu tiempo libre? Escucho mucha música. Intento expandir mi biblioteca mental. Bailo. Hago playlists. Mi líbido va hacia la música. Pienso en ideas con música.
Pienso en discos para la rocola siempre; la idea de la música en Camping tiene que ver con la nostalgia, una que sepamos todos, una canción que suene y que nos una. Sucede lo del fogón.

¿Un disco que recomiendes? Overtones de Just Jack.

¿Si tuvieses que llevarte la discografía de un artista a una isla, cuál eligirìas? Me llevaría la de Luiz Bonfá.

¿Alguien a quien admires? A mi familia; todos tienen mucha sangre emprendedora y me contagian y creo que yo los contagio también. A Paco Savio, con quien labure en Remolino y a Soledad Rodriguez Zubieta, que es hoy la musicalizadora de Camping; son muy creativos.

¿Cómo te ves de acá a cinco o diez años? Me veo acá en Buenos Aires, con un hijo; quiero ser padre a full. Y haciendo más de esto. Siento que estoy en el camino en el que me quiero quedar y expandir. Encontré la plataforma donde moverme, crecer y hacer.